martes, 9 de noviembre de 2010

Semoviente


Margarita, 11 de julio de 2007




Semovientes



El día 10 de julio en horas de la mañana, estábamos en la oficina del servicio de electricidad de la Isla en la Ciudad de Juangriego. Mary y Andreina estaban cancelando el recibo por el servicio, mientras Juan y Yo nos comíamos unas empanadas en un puestíco que quedaba al frente de la oficina.


Hablaba yo con la señora que vendía periódicos y que era vecina de la venta de empanadas, y a la vez y oigo exclamar a un Juangriegero que leía la prensa:


-¡Maaaj! (Expresión muy margariteña que denota extrañeza, confusión) ¿Y que es esto?


-¿Que mi hijoo? - Preguntó la Señora vendedora de periódicos a un margariteño que aprovechaba para hojear uno de los diarios.


¡Qué diablos es esto? Y leyó textualmente: “Semoviente ataca y hiere a turista transeúnte”


¿Qué diablo es un semoviente? Primera vez que yo oigo mentar esa palabra.


-Verdá muchacho, yo tampoco la había oído mentar, cada vez se oyen cosas más raras en la Isla.


Yo oía la conversación entretenido y le aclaro: -Chico, semoviente es un animal, un caballo, un burro, es un termino que indica que el “bien” se mueve por si mismo.


El Juangriegero que había continuado leyendo el periódico sin aparentemente hacerme caso dice:


-¡Si muchacho es un animal! Más abajo dice que el perro fue espantado por otros transeúntes y el turista llevado al hospital.


- Semoviente, -continuo- semoviente, más semoviente será el temigoso que escribió esta verga, ahora y que llamar semoviente a un perro… No me joda.



Ahí me enteré que el supuesto juangriegero era tacariguero, y me atraganté con un trozo



de empanada por la risa que me causó la salida del tacariguero.




Carlos M sebastiani B.



Aclaratoria:


La nota del “Semoviente” fue publicada en un periódico de la Isla el día 11 de julio de 2007.

EL cuajado de pescado


Castores 26 de mayo de 2007



La Receta:


El Cuajado de pescado.


En varias regiones del País se utiliza la técnica del “cuajado” para preparar platos que se han hecho tradicionales. No es extraño oír nombres de platos como: Cuajado de chucho, cazón, o de pescado solamente; o cuajado de carne, cuajado de morrocoy o de tortuga. Este sabroso plato se ha convertido en un plato insigne en oriente, en Guayana, inclusive en los Andes, o en los llanos venezolanos donde se prepara con peces de río: morocoto, pavón, sapoara, o con carne de cacería, etc.


Generalmente el cuajado se come como plato único, si acaso acompañado por la tradicional arepa, o un buen pedazo de casabe seco y crujiente, o chispeado con guarapo de café.


Es una forma de cocinar un poco elaborada, por los pasos que hay que dar, pero muy fácil de practicar.


En este caso que nos ocupa: El cuajado de pescado, esta receta, con el sabroso pez Dorado no difiere mucho de las otras; lo que hay que tener presente es la incorporación a la misma de ingredientes que van ligados generalmente a las preparaciones con pescado, como lo son: El cebollín, el ají dulce, el perejil, y el orégano, el cual se da en forma silvestre en oriente, en el caso de la Isla de Margarita muchos de sus cerros y montañas, están festoneados por estos arbustos. Y lo otro, es la forma de preparar el ingrediente principal, el pescado, lo cual difiere de los cuajados elaborados con otros tipos de carne.


Ingredientes para una bandeja de .40 cm. por .30 cm. 1 Kg. 200gr de Dorado: Para el guiso (aliños) 3 tomates, 2 cebollas grandes, 1 pimentón grande, 4 ó, 5 ajíes dulces, 1 palito de cebollín picado en trocitos, 1 taza de perejil, 2 cucharadas rasas de orégano en hoja, sal y pimienta la gusto. Todo el aliño debe ser picado en cuadritos de 1 ó, 2 centímetros.


Para el adorno: 2 papas grandes, 1 ½ plátano maduro picado en rueditas de 1 cm. de ancho, y frito. 2 zanahorias medianas, las papas y la zanahorias se pican en cuadritos y se sofríen en poco aceite hasta que tomen un tono dorado. Dos huevos previamente salcochados picados en rueditas. Para hacer el cuajado, 8 huevos a los que se les bate primero la clara a punto de nieve, se le agregan los amarillos y se revuelve hasta homogenizar. Onoto para pintar en hilos sobre el cuajado, una pizca de orégano para adornar.


El pescado se lava, se pica en trozos. Se pone a sancochar (hervir con poco agua) al agua se le agrega, cebollín, ajo, y ½ cebolla, sal al gusto. Una vez listo se reserva el caldo colado.


Preparación: Se desmenuza el pescado, se coloca en una sartén grande con un poco de aceite y 2 tazas de caldo, adicionalmente se agregan 5 cucharadas de aceite onotado, y se mezcla todo bien, sal al gusto. Los aliños se sofríen, se le agregan las papas, zanahoria, previamente doradas, se agrega el plátano. Todo se mezcla bien y delicadamente con el pescado, si está muy seco se le agrega un poco más de caldo.


La bandeja se engrasa con un poco de aceite o mantequilla, se agrega la mezcla, se incorporan los huevos batidos los cuales deben cubrir la preparación. Se adorna con rodajas de huevo y se espolvorea con un poco de orégano en hojas. En algunos sitios antes de onotar con aceite, se le agregan claras de huevo bien batidas que cubran la preparación. Finalmente se pinta con hilos de aceite onotado; hornear de media hora a 40 minutos o hasta que cuajen los huevos, ya que todo los ingredientes están previamente cocidos.


El Ensayo



El cuajado de pescado



El pez nadaba tranquilamente cerca del acantilado de piedras, que se alternaba entre colores claros y oscuros. Algunas plantas marinas se agitaban a esa profundidad de más de cuarenta metros como saludando a su paso al hermoso pez. La poca luz que lograba llegar a esas honduras le sacaba reflejos platinados y verdes del cuerpo al Dorado. Al pez le llamó la atención una formación rocosa, donde yacían adosados diferentes especies de anélidos, y por donde caminaba precariamente algún que otro Erizo, por lo que se dirigió hacia el lugar. De repente una enorme Morena se proyectó hacia el pez, pero éste alerta dado su experiencia e instinto, se desvió con un rápido movimiento de su cuerpo, escapando por milímetros y dejando a la Morena rumiando su rabia mientras se retiraba en retroceso de nuevo a su cueva.


El Dorado siguió su camino alejándose con movimientos suaves y majestuosos de su achatado y largo cuerpo, medía casi el metro cincuenta, y su enorme cabeza aplanada por los lados, conformada por líneas casi rectangulares, indicaba que había vivido varios años y que estaba en su máximo esplendor. El cuerpo era brillante e iridiscente; parecía un torpedo ya que el cuerpo se le adelgazaba hacia la cola. Tenía casi dos días que no obtenía un alimento sustancioso, el medio ambiente por el que transitaba había cambiado mucho en pocos años, las algas que a veces le gustaba luir con sus filosos dientes delanteros, para luego pasarlos a los más gruesos, tenían un sabor lleno de suciedad e impurezas, inclusive algunos moluscos estaban manchados de una sustancia negra y viscosa oleaginosa. Pensaba esperar el pase de luna para viajar varias millas mar adentro hasta un conglomerado de pequeñas islas desahitadas donde no hubiera tanta contaminación. Una pequeña lombriz se debatía en un frenesí, suspendido de un hilo para él invisible. El apetitoso bocado lo atrajo y de un solo mordisco engullo la lombriz, para sentir en seguida la aguda punta del anzuelo que se le incrustó en las agallas, y el repentino templón que le hincó más el anzuelo, sabia que le quedaban pocos minutos de vida cuando se sintió subiendo arrastrado por el sedal que lo había capturado hacía la claridad de la superficie, dijo adiós al mar, quien hasta ahora había sido generoso con él..


La gallina picoteaba y levantaba la cabeza como buscando el origen del último ruido que oyó. Con una pata escarbó despacio en un sector del suelo, para recoger un maíz perdido que pugnaba por arraigar. Un picotazo aquí y otro allá, le fue llenando el buche, mientras que el huevo que se había gestado en sus entrañas le indicaba que era hora de que lo pusiera Eran casi las cinco de la tarde y pronto vendría la señora de manos delgada a recoger los huevos. No le importó, porque no era un huevo de Gallo, si no uno de “tierra” como oía decir a la viejita. Recordó que el huevo mañanero la había dejado un poco dolorida. Cuando fuera a poner huevos producto de su apareamiento con el gallo se escaparía del gallinero, y los pondría en un lugar donde no la pudieran encontrar hasta que sus pollitos salieran de los huevos, y entonces válgame Dios al que se atreviera a quitarle uno.


En el Mercado Municipal los ajíes, los granos de onoto, el orégano, el tomate, el cebollín, el pimentón, las papás, el plátano y las zanahorias mostraban su esplendor, cada cual competía con su homólogo para ver cual brillaba, u olía mejor para impresionar a los compradores. Preferían ser llevados a formar parte de un sabroso plato que descomponerse y ser alimento de los animales, o ir a parar a la basura. La cesta que portaba la joven mujer se iba llenando de verduras, frutas y hortalizas Entre ellas pugnaban por acomodarse lo mejor posible y recibir la menor cantidad de peso de las que le iban precediendo. Un bulto mayor con olor a mar, más pesado que los que habían sido colocados en la cesta vino a hacer presión sobre todo el resto del bastimento, provocando que tanto los pimentones como los ajíes se quejaran del peso que ellos debían amortiguar. Pronto comenzaron a pelear entre sí y a empujarse unos a otros. Los más enfurecidos criticaban los olores y sabores que se esparcían dentro de la pequeña cesta, sin saber que todos juntos formarían parte del sabroso Cuajado de Pescado, y al unísono todo debían aportar su sabor, olor y color, en un delicioso plato multisápido.



Carlos Marcos Sebastiani B.

El viejo y la troja.


El Viejo y la Troja (extracto de mi novela “Una historia cualquiera”)



A poco de levantarse, el viejo dirigió sus cansinos pasos hacia la Troja de observación, su Troja.


Ya no quedaba nada del árbol original, tan solo el raído tronco del viejo Toco que se había atrevido a crecer cerca del mar y que asomaba por la apuntalada plataforma.



Recordó como había ido armando la Troja, con los pequeños trozos de madera que arrojaba el oleaje a la Playa.



Quince o veinte años atrás, no recordaba con precisión, había sustituido la vieja enramada que le sirviera de tapasol y que se asentaba sobre el tronco del otrora frondoso árbol, por un pedazo de latón que había venido volando con el viento.


Observo la mar y sintió el sabor salino y compañero en la garganta.


El piso y el techo de la Troja no median más de un metro cuadrado, y entre ambos, un poco más de un metro de altura, espacio suficiente para sentarse a otear el horizonte con comodidad.


Una pequeña baranda le servía de respaldo. El conjunto en total se elevaba del piso unos tres metros.



Setenta años tenía El Viejo, setenta años mirando la Mar.


Su padre le había enseñado a distinguir a las corrientes y al viento, a descubrir las manchas de peces, por el color de las aguas.


Por la forma de moverse el cardumen, sabía que tipo de peces era, entonces, cuando joven, corría al pueblo a unos cinco kilómetros de distancia, al principio el trayecto le parecía corto, más con el tiempo se le hizo cada vez más largo.


Al llegar al pueblo formado por unas veinte o treinta casas gritaba anunciando la calada de peces. Los perros eran sus compañeros de pregón. Entonces el pueblo se animaba, los hombres corrían a los botes, aparejaban las velas con mano diestra, revisaban las redes y aperos de pesca y a los pocos minutos surcaban raudo las aguas hacia el sitio anunciado.



Cuando el pelo se le fue blanqueando, busco ayudante, Gollito Cazón, entonces era el muchacho el que corría hacia el pueblo, gritando como El mismo lo hiciera en su juventud.


Una especie de sonrisa se esbozo en sus labios, y siguió con el recuerdo en la mirada.


¿Cuánto tiempo hacía que se había muerto su ayudante, 15, ó 20 años? ; Realmente no lo recordaba.


Siempre lo veía llegar por el camino, con paso rápido y su pequeño mapire con el bastimento al hombro. Gollito nunca había querido quedarse con Él, entre sus cuatro tablas, como le decía a su rancho.


El día que murió el Gollo, que así también le decía, había tenido un presentimiento. Había percibido sus pasos sin que estuviera presente. Nadie le había ido a avisar de la muerte de su ayudante pero aun así él lo supo.


A media mañana se había dirigido al pueblo, y su presentimiento fue asegurado cuando vio la fajina en el terreno que hacia las veces de cementerio.


Al llegar a la humilde casa que fuera hogar de su ayudante, la pena de sus familiares lo recibió. Entro con el sombrero en la mano y se acerco hacia el cajón donde yacía su amigo.


Se despidió con el corazón y la mirada, y regreso a la Troja acompañado por el Gollo en sus recuerdos.



Poco a poco lo fueron olvidando. El no necesitaba al pueblo, y el pueblo no lo necesitaba a Él. Ahora los botes no pescaban en su horizonte, cada vez iban más lejos, pintando el agua con una larga estela blanca, con esas cosas que llamaban motores, ya no era lo mismo.



Sintió un ruido a su izquierda y volteó, era su amiga la gaviota. Todas las Mañanas se paraba en la baranda de la Troja para verlo comer su ración de pescado del día. Pescado que Él extraía del mar, y salaba con la sal que Él mismo recogía.


La gaviota se entretenía observándolo, y Él disfrutaba viendo la gaviota, se hablaban con la mirada, se sonreían, eran habitantes del mismo espacio, al rato lo saludo con un chillido y se despidió. Él la persiguió con la mirada, en su camino hacía el mar. Luego vio el cielo, su Troja, y sintió el olor a sal que traía el viento.


Se vio la piel correosa de los brazos, y penso que era un buen día para morir.



Se levantó y empezó a desarmar la Troja, primero quito el techo, después los soportes que la apuntalaban, en uno de ellos estaban escritas unas letras, nunca supo que decían. Recordaba en forma especial el día en que había encontrado ese pedazo de madera. El día antes había soplado el viento que presagia mar embravecida, las olas habían llegado casi a saludar personalmente sus cuatros tablas, salpicándolas con agua y sal. Fue una marejada la que arrojó a su playa el trozo de madera.


Siguió en su tarea de desarmar la Troja, la cual poco a poco fue desapareciendo. Había tardado bastante, la edad le había quitado fuerza a sus manos, y, además, la traba de la madera había sido buena.



El sol ya comenzaba a declinar en le horizonte cuando culmino la parte más difícil que era la de desarmar la plataforma, pero finalmente lo había logrado, antes que se pusiera el astro.


Los trozos de madera eran grandes y pesados para llevarlo a su rancho, y él sabia que era un trabajo arduo, pero una vez iniciada la faena no se detuvo hasta que los hubo apilado al lado de un montón de redes viejas a las cuales les había dado forma de cama y sobre las que dormía; quería que los compañeros de tantas jornadas, estuvieran presentes y lo acompañaran en el momento de su muerte. Poco a poco fue creciendo el pilón de madera. Lo último que se trajo fueron los escaños de la escalera.


Cuando transportaba el último pedazo de madera, y al llegar a la puerta del rancho, miro hacia el sitio donde se había levantado su Troja por treinta o cuarenta años, y vio el viejo tronco del Toco, que enhiesto y solitario, señalaba hacia el cielo como indicándole el camino, una vez partiera.



Se despidió del viejo amigo con un suspiro y entró al rancho, coloco el último trozo de madera junto con los otros. Y vio por una pequeña abertura de la pared que le servía de ventana, como el sol se escondía en el horizonte, pintando de rojo a la mar.



Cuando entró se paró en el centro del cuartucho. Vio el recipiente que había usado toda su vida para recoger el agua. En temporada de lluvia lo llenaba hasta rebozar, ya que durante la época de sequía se veía obligado a caminar hasta un pequeño manantial, con agua sabor a mar pero que le calmaba la sed. Con el tiempo se había acostumbrado a su sabor, y lo compartía con los animales del paraje. Pero cada vez se le hacia mas lejos el trayecto ya que tenia que caminar hasta el pie de monte de la montaña. Esto hacia una jornada de más de medio día, que cada vez se le hacia mas larga.


Recordó con tristezas sus amigos del camino, las cuicas, los guayamates, el viejo panal de miel, la arena blanca y fina, que le indicaba el camino, y que lo acompañaba casi todo el trayecto, hasta convertirse en una tierra casi negra y muy fértil, le daba lastima no poder despedirse de ello, pero era un buen día para morir.



Al fondo en un rincón, sus anzuelos le hacían interrogaciones, pero prefirió no contestarles.




Después se dirigió a un montón de redes y las acomodó siempre lo hacia, las vio con cariño, no recordaba como habían llegado allí.



Se tumbo sobre la improvisada cama, cruzo los brazos sobre el pecho y se dispuso a esperar la muerte. Recordó que tenia años que no hablaba, no tenía con quien, intento hablar, para oír su voz, para oírla por ultima vez, para escuchar las palabras que le salieran del corazón...


¿Pero que diría, a quien llamaba?-


Entonces recordó a su padre y lo llamo, más con el corazón que con la garganta. Una voz reseca áspera, se escucho entre las cuatro paredes, Padre,...Padre,...


Una lágrima más de sal que de agua se desprendió de sus ojos, su voz se apago.


Sintió como afuera crecía la sombra oyó el canto de los grillos, durante un buen rato sintió el paso de la luna.


Las piernas se les fueron aflojando, poniendo frías, las sentía como un peso muerto, después fue el estomago, sintió calambres en el pecho y en la espalda, la flojedad de sus brazos, como si no le pertenecieran, penso en Dios, aunque no lo conoció, nunca le había faltado. Supo que la muerte se acercaba, la noche iba pasando, poco a poco se fue sumergiendo en la oscuridad de su conciencia.



Todo era tan frío y tan oscuro, solo al fondo había una resplandor, al acercares, diviso a su padre, si estaba seguro que era El, conversaba con Gollito Cazón, lo llamaban, más atrás estaba Julio, el loco del pueblo, que a veces, se dejaba caer por su Troja, Ernestina la mujer que le hubiera cambiado la vida, cuando iba al pueblo anunciando la calada, la veía hermosa, trabajando entre sus mapires, pero nunca se atrevió ni siquiera a saludarla, quizás ahora podría hablar con ella, contarle sus sueños, la vida que pensaban para ellos dos juntos, a todos los que veía, habían muertos, el estaba muriendo.



El sol se filtraba por las aberturas del techo, y le daba de lleno en la cara, levantó las manos y se las vio secas y arrugadas, se levantó del catre, estiro su desvencijado cuerpo. Vio los anzuelos que seguían haciéndole interrogaciones.


Agarró uno de los trozos de madera que le servían de escaño para las escaleras, y encamino sus cansinos pasos entre el arenal hacia el viejo tronco del toco, otra noche sin morirse, volvería a armar su Troja, volvería a avistar los peces para anunciárselos a los vecinos del pueblo, pero solo con el corazón, otro día moriría... no lo querían en el pueblo, no lo querían en el cielo, solo la soledad, parecía querer tenerlo consigo, para que la acompañara......





CARLOS MARCOS SEBASTIANI BATES


(06/04/2000)




Extracto de mi novela: Una historia cualquiera

Personajes de Caracas vieja



Los Castores, 26 de julio de 2008





Personajes:



Los que conocen a mi tío Hermágoras Hernández, muchos de mis amigos por referencia, saben que es un hombre de memoria prodigiosa, y aparte de ello estudioso y un excelente conversador.





La noche del 26 de julio estuvo de visita en casa, y después de cenar, y de unas copitas de Cardenal Mendoza, botella que me fuera regalada por un cardenal de verdad, El Cardenal Mons. Ali Lebrun, Dios lo tenga en la Gloria, nos pusimos a conversar de tiempos idos. No se como salió a la conversación la Caracas de antes y algunos de los personajes hoy olvidados por el tiempo, algunos fallecidos hace años. Gente cotidiana de la Caracas aun bucólica, romántica, y yo digo hasta inocente. La Caracas de principios de la segunda gran Guerra. De cuando comenzaban a ser una metrópolis, donde ya se asentaban hermosos edificios con humildes bodeguitas a su lado por compañeras, y los paseos y bulevares con sabor afrancesado. Donde los techos rojos se veían desde las amplias avenidas, y los recovecos de la ciudad vieja se apegaba a sus costumbres, olores y sabores.



Me cuenta mi tío de varios personajes, entre ellos, uno al que llamaban “El Botellón”



Este personaje, fue de los que nunca faltan en cualquier época, hoy le dirían asomado o arrocero. No podía producirse en Caracas, mitin, fiesta, o reunión donde él no estuviera





El Botellón, era un personaje de hombros caídos, por lo que visto por la espalda o de frente parecía una botella, de ahí su mote. Cuenta mi tío que el susodicho siempre andaba bien vestido y que en esos tiempos, a la hora de cualquier declaración de un ministro o de algún alto jerarca, él se las ingeniaba para aparecer a su lado, y más de una vez alguno de los parroquianos que lo conocía gritaba de entre la multitud: “Que hable el botellón”, lo que era acompañado por sonoras carcajadas





Existió por los lados del Pasaje Capitolio otro personaje, al que apodaban Juan Chiquito, siempre “empaltolao” y sentado sobre un baúl viejo, al que hacía sonar como un tambor. A veces era acompañado por otro personaje tan risible como él, pero este tocaba un par de maracas, ese era su oficio, y del fruto de sus canciones, salía la plata para comprar los traguitos de ron.





Existió también un señor pintoresco, era de apellido Miranda. Este vendía miel de abeja por los lados del silencio. El se floreaba con versos, quedándosele pegado uno a mi tío que decía: una señora mayor, que no podía caminar, se tomo su miel de abeja, y anoche se fue a bailar.



Había tiempo hasta para eso. Otro más atrevido, o quizás un inocente de esos que mandaban a vender, y que voceaba golosinas, y dulces, del tipo de los que hacían en La Cojita gritaba: Melcocha. Lengua e suegra, polvorosa, y agregaba en forma arrastrada y...“consuelo para las viudas”, que no era otra cosa que las hoy llamadas “señoritas” las barritas de pan.



Eran ellos estudiantes universitarios (Año 41) y sus lugares de correrías eran cerca de la iglesia de Paguita. Estando en la explanada sobre las escalinatas vieron pasar a un hombretón al que apodaban Pupú de Tigre, uno de ellos, ni siquiera le grito el apodo completo, sino que haciéndose bocina con las manos le grito “de tigre, de tigre” y vieron que el hombre volteo enfurecido, pero siguió caminando, y ellos, entre risas y jarana siguieron estudiando. Grande fue su sorpresa cuando el apodado le salio de atrás de donde ellos estaban ensimismados en sus libros, dispuesto a vengar la afrenta, por lo que corrieron en desbandada total.





Carlos M. Sebastiani B

viernes, 2 de abril de 2010

Carnes rojas, el chiguire y el viernes santo.

Los Castores, 2 de abril de 2010

No comer carne el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, además el Chigüire y el Vaticano.

Mi nieta Bárbara de 13 años, al vernos en la cocina a Mary y a mí, preparando un arroz a la marinera me preguntó: ¿Abuelo, porqué el viernes santo no se comen carnes rojas? ¿Quién lo prohibió?, y mi repuesta fue esta:

Durante la semana santa y algunos días del año cuando se celebran o conmemoran algunas fiestas litúrgicas, los católicos estamos unos por costumbres, y otros porque verdaderamente lo sienten a realizar ritos externos, como especies de sacramentos,

- ¿Qué es un sacramento abuelo? Me interrumpió ella.

- Veras nena, son signos sensibles instituidos por Nuestro Señor para comunicarnos La Gracia. Veras, ahorita son solo siete, pero en un principio eran cientos hasta que la Iglesia por mandato divino de Cristo, el poder que él le concedió los redujo a siete.

- Pero cómo es el sacramento, inquirió de nuevo.

- Mira un signo sensible es algo que sucede, que te da a entender que algo sucederá, por ejemplo, tú estás en tu casa y oyes el batir de las aspas de un helicóptero, y sabes que viene un helicóptero, no un camión, ni un Volkswagen, ese sonido es un signo sensible que te anuncia algo, en este caso que viene un helicóptero.

- Ah, ya entiendo pero sigue abuelo. ¡No! ¡No! Ya va otra pregunta ¿Qué es La Gracia?

- Bueno, contesté yo, -mientras le sacaba la tripa de la espalda al langostino- es más difícil de explicar pero La Gracia es toda la bondad que Dios le da al hombre, es la proclamación del amor de Dios y el deseo que él siente de comunicarse con el hombre. La Gracia nos abre al encuentro de Dios y de los hermanos.

- Cónchale abuelo, eso sí está difícil.

- Por ahora parece, pero luego lo entenderás.

- -Bueno, sigue abuelo

Como te decía practicamos ciertas señales para mostrar nuestro amor a Dios y que le seguimos.

- ¿Cómo que le seguimos? Preguntó de nuevo Bárbara.

- Que seguimos su camino, que tenemos nuestra esperanza puesta en él, en la Virgen.

- ¡ah! Ok, sigue abuelo

Por ejemplo el Miércoles de Ceniza, nos pintan la frente con ceniza en señal de que somos cristianos, pecadores y que debemos arrepentirnos, entrar en la época de cuaresma que son cuarenta días hasta el triduo pascual.

-Abuelo ¿y esas cenizas de dónde la sacan?

La sacan de quemar todas las palmas benditas que sobraron o fueron llevadas por los fieles de la semana santa del año anterior.

Bueno déjame terminar sino no te puedo decir que es lo que pasa con las carnes rojas.

Originalmente los Judíos ayunaban los martes y jueves, el ayuno consistía en no comer carnes rojas, en esa época comer ese tipo de carne era un “lujo” por lo que comían pescado que era más asequibles. Los cristianos lo cambiaron al miércoles y al viernes, algunos dicen que para llevarle la contraria al judaísmo.

-¿Qué es eso del Judaísmo?

Mira nena si me pongo a explicarte vamos a durar hasta la semana santa del año que viene.

Los Judíos fueron el pueblo elegido por Dios para realizar su alianza. Si tú lees el Antiguo Testamento, verás que es la historia del pueblo escogido y sus profetas. De ese pueblo nació Jesús, pero como la jerarquía de los judíos, el Sanedrín, hizo lo posible para condenar a Jesús para que fuera crucificado, ahí vino la enemistad,- después de una pequeña pausa- pero ya te seré más específico otro día.

Por ahora sigo: - De acuerdo a lo que dice la tradición y las sagradas escrituras, Jesús fue vendido un día miércoles y crucificado el viernes. Y la razón principal por la que no se come carne roja es como una evocación a la pasión, muerte y resurrección, se hace memoria de los dolores de la pasión privándose de ese tipo de comida. Uno se abstiene de comer carne, y es una pequeña renuncia, sin embargo se puede comer pescado, que por cierto es un símbolo de Cristo Nuestro Señor.

Yo por lo menos, no he conseguido en ningún lado que no se debe comer carne roja durante la semana santa, pero si existe un respeto y además la tradición que es una de las fuentes de las que se nutre nuestra iglesia.

Hay días decretados de abstinencia por la Iglesia. Y en esos días solo los niños, ancianos, o enfermos que necesitan dieta están liberados de dicha abstinencia. Son el miércoles de ceniza, el primer viernes de cuaresma, y el viernes santos. Esos días no se comen carnes rojas.

La repuesta invariable de cualquier sacerdote o religioso, si uno le hace esa pregunta, es que nosotros los católicos comemos pescado o marisco en semana santa, es para cumplir con las sagradas escrituras, no consumimos carnes rojas porque representan el cuerpo de Cristo crucificado.

- Abuelo ¿y eso de que el Chigüire es un pescado? Yo los he visto y parecen unos conejos grandotes.

- Bueno nena esa es otra historia, aunque está ligada, mira:

Cuando los evangelizadores vinieron al nuevo mundo, debían reportar al Vaticano sobre todos las cosas y animales que encontraban: cuando describieron el Chigüire, a pesar de que es un roedor gigante, lo describieron como un animal que vive en el agua, habita en los ríos y lagunas, se alimenta de peces y de hierbas. De acuerdo a la descripción que recibían, en el Vaticano decidían si era apto, o no, para ser ingerido en tiempos de Semana Santa, para el ayuno pascual, antes del domingo de resurrección. Avanzada la evangelización, los evangelizadores chocaron con la costumbre de los nativos de alimentarse con el Chigüire o capibara, y no era posible que aceptaran no ingerirlo. Visto esto y los datos de la información que se tenía en el Vaticano, después de ser sometido a las consabidas consultas, el Chigüire fue decretado apto para ser comido en tiempos de ayuno, o sea era un pescado….

Carlos M. Sebastiani B.




domingo, 20 de septiembre de 2009

Los Castores, 6 de septiembre de 2009

El templo de Santa Ana del Norte (Isla de Margarita)

El hombre caminaba por sobre los escombros. Cabizbajo, meditabundo. Con una gran melancolía, veía a un lado y al otro. Todo estaba destruido sin techo y con las paredes enseñando su armazón de barro y cañas, o los bloques de arcilla hechos a mano y cocidos con el reverberante sol del Cercado. Bolívar movió la cabeza con pesadumbre, aunque siempre sintió un desapego por las cosas terrenales, ese era el Templo donde había dado inicio a la lucha que consolidaría la Tercera república, donde se inició el final de la guerra por la libertad de su país, y los de sus hermanos suramericanos. Recordó el potente y valeroso discurso del General Arismendi, el cual conmovió, e hizo crecer un halito de esperanza a los conciudadanos presentes. Arismendi logró que fuera reconocido como jefe supremo de los ejércitos libertadores. Las personas que se agolpaban en las puertas y se aglomeraban en las ventanas, celebraron con gran alegría y bullicio, ya presentían que muy pronto la Isla sería libre. Militares y civiles se unieron en un solo aplauso, para luego celebrar la Santa Misa y dar gracias al Altísimo.
Pero qué tristeza sentía Bolívar, los hijos de la República no habían sabido conservar este pequeño pedazo de su historia, al igual que tantas otras cosas de su ideario. El gobierno central por el que tanto había luchado se había convertido en una farsa de sí mismo. Todos eran hipócritas unos más que otros, y a todos los guiaban sus propias intenciones.
Se agachó y recogió una pequeña pieza de madera la sostuvo en sus manos y pensó que años atrás, posiblemente había oído sus propias palabras, convenciendo a los generales y dando después gracias por el reconocimiento de su jefatura.
Sintió unos pasos detrás de él y quedó mudo de asombro, Jesús, quien irradiaba un blanco incandescente se le acercó y colocándole su mano sobre el hombro le dijo:
-Hijo mío esto es cosa de los hombres, así pagan los esfuerzos y la dedicación. Pero no te lamentes más, tú vivirás para siempre en los corazones de nuestros semejantes de buena voluntad, no así de los que han mancillado tu memoria. Mi abuela Ana reza por todos nosotros, y sufre por la desidia de los responsables de esta atrocidad, es bueno aprender a perdonar.
Bolívar sintió unos pasos detrás de él y vio que se acercaban el General Arismendi, Francisco Esteban Gómez, y Policarpo Mata, con sus atuendos de Generales, más atrás, estaba Bernardino Díaz (DIN DIN), el padre Montaner, Monseñor Márquez, Secundino, el mayordomo de la Cofradía del Santísimo, venía con los ojos nublados por las lágrimas. Consuelo Arocha y su hermano desde un rincón desgranaban un rosario, Evelio Caraballo hacía esfuerzos por no soltar un improperio enfrente de Jesús, y de tantas personas honorables que se iban agregando a la multitud. Habían asistido personas del Cercado, del Maco, de Tacarigua, de Los Lista, desde la Vecindad, todos querían compartir con Jesús y con Bolívar, aquellos momentos de pesadumbre y de reflexión.
Bolívar se despidió de Jesús quien con una sonrisa de comprensión le dio un fuerte abrazo.
Los parroquianos se acercaron al Libertador y comenzaron a hablar entre ellos, de repente todos callaron, una viejecita se acercó y cuando la tuvieron casi junto a ellos reconocieron a Doña Ana, la abuela de Jesús.
-Hijos míos –dijo con una voz clara y fuerte- Se cómo se sienten ahora, pero mi nieto que ve el principio y el fin, sabe lo que sucederá, yo por mi parte, les digo que en este, mi templo, se bautizaran y se matrimoniaran muchos parroquianos, se celebraran sacramentos hasta el fin de los tiempos, así es que alégrense los que posean Fe, Esperanza, y Caridad, y no así los culpables de las condiciones en que se encuentra mi templo, ellos correrán en vida con las consecuencia de sus actos. Sólo un arrepentimiento sincero y la reposición de nuestro templo les ayudarían a restituir por su pecado.

El sol pugnaba contra las tinieblas de la noche que llegaba a su fin, mientras Monseñor Alzate se levantaba con el corazón contrito; un día más se les venía encima con el templo casi en ruinas.
Dentro del templo los presentes se arrodillaron con la vista hacía el lugar donde solía estar el sagrario y con una sola voz, en comunión, cantaron:
-Tu reinaras, este es el grito, que ardiente exhala nuestra Fe…


Carlos M. Sebastiani B

Excursión a Nueva Cádiz

Altagracia, 11 de septiembre de 2009

Excursión a Cubagua

Al día de hoy habían transcurrido a los menos 12 años que no visitaba la isla de Cubagua, una de las tres islas que conforman el Estado Nueva Esparta.
Entre preparativos y el viaje desde Bahía de Plata hasta Punta de Piedra, donde nos embarcaríamos, nos dieron las 12 de la mañana. Abordamos un peñero mi hija Andreina y su esposo Juan Carlos López, mi hijo menor Carlos Gabriel y su novia Jade Álvarez, el motorista de la embarcación, su ayudante, y Yo.
El viaje hasta Cubagua con rumbo 224 SW, a 32 km/h dura aproximadamente 28 minutos, depende de lo grueso del oleaje y la dirección del viento. Desde Punta de Piedra dista en línea recta 9 Km. Aproximadamente.
El día estaba despejado y la mar presentaba un azul más profundo que de costumbre. Las olas en racimos hacían cabalgar nuestro peñero en un sube y baja entre seno y cresta. Los guanaguanares y algunos alcatraces acompañaban al marinero bote. Muy pronto la costa margariteña se fue desdibujando mientras se iba formando con precisión la costa cubagüés.
Nueva Cádiz de Cubagua fue la primera ciudad que se fundó en el continente americano siguiendo la praxis de esos tiempo de la corona castellano-aragonesa, primero fue un asentamiento (1512), luego una villa y posteriormente obtiene el título de Ciudad por concesión del Rey Carlos I el 12 de septiembre de 1528.
Durante las primeras décadas del arribo de los peninsulares a esta tierra de Gracia, la isla de Margarita fue visitada por Alonso de Ojeda (1498) Los hermanos Guerra en dos oportunidades (1501 y 1502). En 1517 eran frecuentes las expediciones que zarpaban para Cubagua desde la península y desde la Isla La Española (Santo domingo) asiento del gobierno castellano-aragonés. En 1520 Pedro Barrionuevo construye la primera casa construida de Piedra en la pequeña Isla, durante 1521 se lleva a cabo la primera rebelión indígena en Cubagua; el maltrato y robo a los nativos dio origen a la rebelión. Ya había presencia de negros esclavos buceando en busca de perlas.
Durante ese año de 1521 Cubagua es reconocido como asiento o pueblo, y llegan los primeros oficiales del Rey con autoridad y presencia en la Isla. En 1522 los franciscanos fundan el primero de los dos conventos que se crearon en la isla. Posteriormente se funda el de los Dominicos.
En 1525, 18 de marzo: Marcelo Villalobos obtiene del rey Carlos I de “España” y V de Alemania, por tres vidas, la capitulación y Gobierno de la Isla de Margarita, la cual ya estaba poblada por vecinos de Cubagua: ganadería, siembras, el lugar más feraz era el Valle del Espíritu Santo. Por esas tierras, pasaba una pequeña corriente de agua. Este poblado estaba cerca de la Villa del Espíritu Santo (Pueblo de la mar, o Puerto del pueblo de la mar). En 1528 vivían en Nueva Cádiz 1800 habitantes, contaba con alcaldes Mayores, Cabildo y 17 religiosos, ese año fue atacada por el pirata Diego de Ingenios
Aunque en 1510 se funda Santa María la Antigua del Darién, y San Sebastián de Urabá, en Colombia, hoy parte de Panamá, y las cuales fueron de efímera duración además de mudadas de localidad, ya había presencia de castellanos en la isla de Cubagua negociando perlas con los nativos guaiquerís provocando que se iniciara el éxodo hacia la isla, así como a la costa de Paria, en busca de la fácil riqueza que se podía obtener, para ese entonces no eran más que un asentamiento de chozas y bohíos
La presencia de castellanos en Margarita, asentados en pequeñas haciendas fue una necesidad para poder surtir a Cubagua, no sólo de agua, sino también de frutos y de Leña; legumbres y carnes. Esto lo hacían desde la hoy zona de San Juan Bautista.
Rodrigo de Fuenteidueña, fue uno de los primeros que se asentaron en las estribaciones del cerro San Juan desde donde bajaba, y baja todavía, un pequeño riachuelo. Los nativos guaiquerís siempre fueron colaboradores con los expedicionarios, los que les valió prontamente la condición de vasallos y objetos de protección, no así las tribus de origen Caribe o caribanas quienes los combatieron duramente en toda la zona de Paria.
La riqueza de las perlas fue tal, que desató una verdadera carrera por su explotación lo que rápidamente ocasionó la desaparición de los ostrales, dando fin así a la gran riqueza de Cubagua. La extracción originaba un quinto que debía ser cancelado como impuesto al reino, ese quinto, declarado por los comerciantes de perla fue el siguiente:


Quinto Real Quinto Real 100 %
1513 a 1520 500 Marcos C/a 10000 2300 gr = 2.3 kg
1521 1000 Marcos C/a 20000 4600 gr = 4.6 kg
1522 a 1526 3500 Marcos C/a 70000 16100 gr = 16.1 kg
1527 6000 Marcos C/a 120000 27600 gr= 27.6 kg
1528 a 1531 1500 Marcos C/a 30000 6900 gr = 6.9 Kg
1532 1000Marcos C/a 20000 4600 gr = 4.6 kg
1533 a 1536 500 Marcos C/a 10000 2300 gr = 2.3 kg
1537 a 1540 10328 Marcos C/a 206560 47508 gr = .475 kg

Nota: 1Marco = .230 gr

El abuso en la explotación de los ostrales origino su pronto agotamiento. Este proceso se aceleró por cuanto se llegaron a extender licencias para la extracción mediante rastras que fungían como arados en el fondo del mar. Miles de esclavos, nativos caribanos, negros y hasta blancos sucumbieron bajo el látigo o vara de los explotadores, quienes desde las canoas los obligaban a sumergirse tan pronto depositaban en las canoas las ostras extraídas. Y no solo eran los mandobles que recibían sino que al abrir las conchas para extraer las perlas, la tripa de la ostra (la carne que se aloja entre las barbas) además de servir de comida para los esclavos era tanta la abundancia que la arrojaban a la mar, por lo que pululaban los grandes escualos que se comían también a los buzos.
En 1541 El 25 de Diciembre un terrible mar de leva arraso la ciudad de Nueva Cádiz. Este fenómeno provocó una gran destrucción y acabo prácticamente con la Ciudad. Incluyendo la Casa Parroquial de Santiago.
Para 1542 estaba prácticamente agotada la extracción de perlas en las aguas de Cubagua. Se calcula que para éste año se realizó el traslado de la Imagen de la Virgen del Valle. En este año se abandona Nueva Cádiz debido al maremoto, o mar de leva que se produjo. A estas alturas la indiscriminada explotación de las perlas había acabado con la riqueza de sus aguas.
Ese mismo año el 22 de marzo, se participa al Rey lo ocurrido en Cubagua y la posibilidad de que muchos de los parroquianos abandonarían el lugar hacia otros lares, incluyendo Paria, las costas del hoy Estado Falcón, y la Isla de Margarita.
En julio de 1543, lo poco que quedaba de Cubagua debido a la destrucción ocasionada por el maremoto, fue arruinado por piratas franceses. Los piratas robaron y saquearon. Unos pocos vecinos que quedaban en la Isla lograron sobrevivir, escondiéndose primero en los matorrales y luego partieron en una canoa hacia Paraguachoa como denominaban a Margarita los nativos Guaiquerís.
Desde algunos cientos de metros se comienza a ver el fondo marino dada la claridad de las aguas, rojos corales y formaciones de todo tipo. La playa de arena blanca fina da enseguida paso a los restos de la ciudad.
Las piedras que conformaban cimientos y paredes se apilan en línea recta dibujando los espacios ocupados por calles y casas, quienes erguidas permanecen haciéndole frente al tiempo como fieles testigos de lo que ahí sucedió. Lo que fueron las paredes se redujeron hasta un metro de altura. Las calles se observan finamente trazadas de un ancho de unos cuatro metros.
Después de tomar algunas imágenes nos dirigimos bajo el ardiente sol hasta una depresión que por vista satelital se observa bien marcado sobre la topografía de la isla.
Hay un pozo a unos mil doscientos metros desde la esquina suroeste de la ciudad. Fue un pozo abierto a mano de unos ochenta metros de diámetro, y una profundidad que va desde cero, hasta los cuatro metros de profundidad. No es un agua potable o bebible.
El otro pozo el que me interesaba queda mucho más alejado de la ciudad, posiblemente fue hecho para amasar el barro con el cual hacían las losetas del piso, o las primeras casas que se hicieron de ese material, pero la inclemencia de tiempo las destruyó por lo que se vieron en la necesidad de traer las piedras desde tierra firme. Lamentablemente no pudimos llegar hasta la zona a unos cuatro kilómetros, las inclemencias del sol (1:40 p.m.) me obligaron a detenerme y cobijarme bajo la sombra de los que me acompañaban por más de veinte minutos desde ahí decidí regresar y hacer otra viaje a Cubagua mejor equipado.

Carlos M. Sebastiani B.